Suena la alarma. Mientras das una pequeña vuelta en la cama, te frotas los ojos mientras que aceptas que ya es hora de levantarse. Desayunas. Abres el armario a pesar de ser inmenso dices que no tienes qué ponerte pero al final das con el modelo perfecto. Te preparas. Llegas a aquel lugar que no pisabas desde hacía tres mese, estás desilusionado pero a la vez tienes ganas de ver la clase, de conocer a tus nuevos profesores... aunque hubieras dado media vida por retrasar ese día, ya no puedes hacer nada, ya llegó.
Los días van pasando, la rutina vuelve a tu vida sin quererlo. La emoción del primer día ya va quedando de lado. Te das cuenta de que ya el calor que antes decoraba los días se va acabando y que empieza a llegar el aburrido otoño. Te das cuenta de que aquellos maravillosos meses de verano son parte del ayer, aunque siempre lo recordarás con una sonrisa en la cara, te das cuenta de que empieza un nuevo capítulo totalmente diferente al anterior.
Y te pones a pensar qué pasaría si pudieras pasar página al capítulo anterior y disfrutarlo un poco más, lo más probable es que te acabaras cansando.
La vida tiene sus fases y hay que vivirlas todas, el tiempo justo, no más ni menos así que búscales a todas el lado bueno y disfrútalas como puedas.
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