Un latido incontrolable. Va a marcapasos pero se considera latido. Cada vez con
más intensidad. Con más fuerza. Fluye desde la punta de los pies, como una
pequeña ola convirtiéndose en un majestuoso tsunami. Y es que tú no prevees
nada, todo parece normal, cuando de repente sucede. No se sabe cómo. Aún así, quizá, ni siquiera te esperabas lo más mínimo de todo eso. Tu sangre oscura
bombea, rojo pasión. Con una efusividad fuera de lo habitual. Sí, es ese
cosquilleo el que siento, cuando sus labios rozan los míos. Y sus dedos, acariciando mi pelo, tirando de él para evitar que se enrrede.

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