Casi siempre he salido de una conversación con otras personas diciendo que me encontraba muerto en vida. Que no siento estando vivo, que vivo sin estar viviendo, porque exactamente, vivía para no vivir, para no hacer lo que se suele hacer en vida.
La gente se reía, me decían que era ilógico, nadie podría estar pasando por lo que pasaba, pero se equivocaban. Seguía una dura rutina, en la que el único camino era seguirla, y no desviarme. La diversión estaba fuera de lugar. Los placeres y la amistad eran pecados capitales en mi sentido y en mi mundo. Pero todo personaje ficticio tiene un salvador. A mi, como buena vida de película tuve, también me salvaron. Me rescataron de la rutina.
Y ciertamente, ahora puedo decir que estoy vivo en vida, que vivo viviendo la vida. Y me gusta la vida, me gusta el tiempo y odio la muerte. La vida, tal y como un adolescente de 18 años puede entender, se resume en amigos, sexo, dinero y música.

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