lunes, 12 de diciembre de 2011

Vivir no es solamente que te lata el corazón.



Casi siempre he salido de una conversación con otras personas diciendo que me encontraba muerto en vida. Que no siento estando vivo, que vivo sin estar viviendo, porque exactamente, vivía para no vivir, para no hacer lo que se suele hacer en vida.
La gente se reía, me decían que era ilógico, nadie podría estar pasando por lo que pasaba, pero se equivocaban. Seguía una dura rutina, en la que el único camino era seguirla, y no desviarme. La diversión estaba fuera de lugar. Los placeres y la amistad eran pecados capitales en mi sentido y en mi mundo. Pero todo personaje ficticio tiene un salvador. A mi, como buena vida de película tuve, también me salvaron. Me rescataron de la rutina.
Y ciertamente, ahora puedo decir que estoy vivo en vida, que vivo viviendo la vida. Y me gusta la vida, me gusta el tiempo y odio la muerte. La vida, tal y como un adolescente de 18 años puede entender, se resume en amigos, sexo, dinero y música.

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Huellas de Monstruos.

Monstruillos.

Si tengo 18 años y un año tiene 365 días, significa que llevo más de 6.570 días perdiendo el tiempo... Cada vez odio más las mates.

Hoy la vida me sabe dulce, mañana quizás amarga, y eso la verdad, es que resulta desesperante, pero de saber que luego volverá todo a saberme dulce, me arriesgo a vivir la vida pisando la mierda de la que está cubierta el planeta.

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(SERENIDAD/ESPONTANEIDAD)