Te invito a ver las infinitas estrellas.
Podemos compartir la inmensa soledad de nuestra noche,
abrazados en tu hamaca de sueños.
Quiero fundirme en ellos
mientras tus labios regalan el broche de oro que invita a mi alma a vivir.
Es posible eximir
con besos nuestra deuda con la vida.
Los hijos de tu boca
susurrarán en mi piel tu secreto llenando el vacío de tus entrañas.
te miraré en silencio
mientras mi sangre absorbe complacida la semilla que evoca tu misterio;
y el tiempo, víctima de su derrota,
dejará de ser solo ese momento al saberte inmortal.
Puede no ser real
la permanencia eterna de nuestra alma.
Amarte eternamente no está, pues, al alcance de mi esencia.
La muerte puede arrancarme estas ganas y hacer que tu presencia
no sea en mí un lucero permanente en este cielo donde las estrellas
me acompañan a soñar hoy contigo.
Pero mientras tenga el leve vestigio
de poder ser testigo
de un amor inmortal, te invitaré a compartir el momento
mágico del presente en la oscuridad del fantástico cielo que observamos
desde tu red blanca de cuerda y sueños.

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