Después de la despedida, llegó la hora de volver a la casa. El sabor de sus labios continúa en los tuyos, y solamente recordar sus besos, tu corazón late con más fuerza. Adoras esos besos, sus
besos, aquellos besos que te da como si no me fuera a volver a ver nunca más. Incluso
cuando cierro los ojos siento el olor de su cara colonia, la fuerza de sus abrazos... y a pesar de que te acabas de despedir, lo echas de menos. Tienes la boca llena
de palabras, de sentimientos que guardas dentro, que no fui capaz de
decir, y ahora es tarde para expresarlos, intento escribirlos, pero tales
sensaciones no se describen, tan sólo se pueden sentir. Por un momento me imagino lo que sería coger el coche contigo, y ponerle rumbo hacia ninguna
parte, coger la primera carretera y llegar tan lejos como los sueños que
tendríamos sin dormir, el destino sería lo de menos, y la compañía la más perfecta. Tan
sólo nos pararían los semáforos en rojo, en los que aprovecharías para volver a
besarme. Jugaríamos a soñar que el mundo es nuestro, sin pensar en la realidad.
La gente creerá que no entendemos la vida, o quizás que estamos locos, pero qué más
da, es nuestro sueño y lo vivimos como queremos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario